Expertos dicen

Opiniones de expertos a través de entrevistas

Grínor Rojo

Director Centro Estudios Culturales Latinoamericanos, Universidad de Chile

“La democracia, que es una práctica con la que todos debemos estar de acuerdo, no tiene por qué funcionar de la misma manera en todos los campos. El campo político, en el que es deseable que los ciudadanos participen ampliamente, no es correlativo punto por punto con el campo cultural, en el que la participación, que debe existir en alguna medida, no puede sino ser limitada (…) En lo que toca a la selección de libros, esto que yo estoy diciendo será válido siempre que la selección de los seleccionadores (…) sea inmejorable, cosa que, me consta, no ocurre actualmente”

¿Qué papel han de desempeñar los procesos de selección de libros en consideración de la tensión entre una visión canónica y formativa versus los gustos y necesidades del público, en tanto usuarios que no necesariamente se sienten convocado por las lecturas canónicas?

El problema es crucial, a mi juicio. Tiene que ver con: a) el concepto de cultura; b) el papel del Estado en su desarrollo; y c) la satisfacción de los legítimos deseos de esparcimiento de la población. En mi opinión, en las políticas públicas chilenas se observa respectivamente: a) una gran confusión (tal vez sería preferible decir una gran ignorancia) respecto del primer punto; b) un desconocimiento de qué es lo que le corresponde hacer al Estado respecto del segundo; y c) una idea pobrísima de lo que significa y cómo se puede colaborar en el esparcimiento de la población (cultura popular, cultura de masas, cultura entretenida, etc.), dado que, con frecuencia, los medios para colaborar en el esparcimiento degeneran en la más crasa barbarie.

¿Qué rol ha de tener el usuario en la participación de lo que se compra para leer?

Francamente, menor. La democracia, que es una práctica con la que todos debemos estar de acuerdo, no tiene por qué funcionar de la misma manera en todos los campos. El campo político, en el que es deseable que los ciudadanos participen ampliamente, no es correlativo punto por punto con el campo cultural, en el que la participación, que debe existir en alguna medida, no puede sino ser limitada. Por eso, en las escuelas existe el profesor y existe el alumno y no únicamente alumnos.

En lo que toca a la selección de libros, esto que yo estoy diciendo será válido siempre que la selección de los seleccionadores, es decir la de aquellos que van a desempeñar el papel del profesor, sea inmejorable, cosa que, me consta, no ocurre actualmente.

¿Cómo se puede situar este problema en una perspectiva histórica latinoamericana de la relación entre las elites alfabetizadas y el resto de la población?

Escuché hace muy poco la conferencia de un profesor latinoamericano muy a la moda, en la cual el conferencista, muy convencidamente, abogaba por el reemplazo en las escuelas públicas de los textos clásicos por “literatura de masas”, revistas, ciencia ficción, romances, etc., mucho más al alcance de los niños. Sin contar con que los clásicos pueden estar al alcance de los niños, dependiendo de quién los enseñe (en la poesía del “niño” Rimbaud se encuentran intertextualmente insertos los clásicos latinos que él conoció en la sala de clases). Yo pensé que si en Chile se aplica esa receta, las escuelas de los pobres van a formar más analfabetos de los que forman hoy día en tanto que las escuelas de los ricos seguirán poniendo a sus estudiantes en contacto con las grandes creaciones de la cultura chilena, latinoamericana y mundial. Ergo: la brecha cultural y, lo que es peor, la brecha ciudadana, será entre nosotros cada vez más ancha y más profunda.