Expertos dicen

Opiniones de expertos a través de entrevistas

Guido Arroyo

Vocero Cooperativa de Editores de La Furia

“Es inviable proyectar un sello editorial independiente orientando el catálogo por razones mercantiles o financieras”

“Es necesario salir de los compartimientos institucionales que resguardan su presupuesto y pensar orgánicamente cómo se deben orientar la adquisición de libros para que sea un bastión fundamental del desarrollo cultural”

¿Cuánto influyen las adquisiciones de libros por parte del Estado en el desarrollo económico del sector?

Bastante. Si analizas la cantidad de puntos de venta en Chile y el promedio de consumo de lectores, de inmediato se puede inferir que gran parte de la industria subsiste de las compras públicas (Cnca, Dibam, Mineduc, Junji). La dependencia llega a tal nivel que muchas editoriales realizan derechamente maquetas y solo imprimen si existen compras. Ahora bien, según el estudio sobre Edición Independiente en Chile, se puede afirmar que las microeditoriales o las editoriales independientes son las que menos acceden a ese tipo de adquisiciones.

La vía más cercana para esos sellos de hecho, por su publicidad y transparencia, son las compras del CNCA, que paradójicamente son las que poseen el menor presupuesto.

Dichas adquisiciones, ¿orientan, en alguna medida, el desarrollo del catálogo?

En lo absoluto. Es inviable proyectar un sello editorial independiente orientando el catálogo por razones mercantiles o financieras. De hecho, la curva de compras públicas de Alquimia Ediciones es absolutamente irregular debido al mismo hecho.

¿Considera los procesos de adquisición de libros un proceso transparente? ¿por qué?

La única línea de adquisición que considero totalmente transparente es la del CNCA, debido al carácter público de la convocatoria y los descriptores de evaluación (que igual requieren un ajuste, sobre todo descomprimir el carácter subjetivo). Sí considero que el jurado debería ser más estable y no poseer vínculos con la escena literaria e industrial, es decir, no ser al menos ni autores ni editores.

El proceso de adquisición del CRA es mucho menos público, y se acerca a una transparencia, pero existe una ausencia de claridad en los mecanismos de selección. Creo, en todo caso, que la convocatoria reciente realizó un avance en esa línea. Las compras de Dibam me parece que operan bajo una lógica institucional de una autonomía incomprensible. Sobre todo, si pensamos en el libro como un vehículo cultural fundamental para el desarrollo educativo y territorial.

¿Qué rol cumple la adquisición de libros por parte del Estado en el desarrollo cultural del país?

Cumple un rol insuficiente. Creo que hay recursos suficientes, pero no se invierten de forma correcta. Es necesario salir de los compartimientos institucionales que resguardan su presupuesto y pensar orgánicamente cómo se deben orientar la adquisición de libros para que sea un bastión fundamental del desarrollo cultural. Es decir, relacionar la cultura con la educación, radicalmente distantes en Chile. Esto implica a la vez pensar una cadena mucho más larga, que va desde la relación entre el productor y la entidad que adquiere el libro; hasta el mediador y el espacio donde se difunde.

Muchas veces catálogos preciosos quedan resguardados en CRAs donde el mediador es un inspector o alguien no capacitado que considera peligroso que los niños manipulen los libros, tal como sucede en las bibliotecas de las cárceles. Yo como productor de libros, sería feliz de que cada compra incluyera la obligación de asistir gratis a una jornada para inducir a los mediadores que recibirán los libros, el contenido del libro y el valor de uso que posee. Por otra parte, hay una paranoia absurda en Mineduc basada en la incomunicación entre los agentes compradores y los productores, sustentada en un ideal de transparencia que resulta radicalmente opuesto a la realidad concreta: la malversación y el conflicto de interés como signo de la clase política y dirigencial. Esto inhibe la posibilidad que la industria se entere de qué materias específicas requieren las bibliotecas de Aula y CRA.

En otros países estas entidades anuncian con antelación los contenidos que requieren cada año, siendo estos anuncios no vinculantes, es decir, no garantizan compra. Esto le permite a la industria generar un contenido de calidad en base a las especificidades culturales de cada país.